El Ayurveda es simple.

El Ayurveda es simple.

Los animales saben Ayurveda.
Las plantas también.

Un animal busca el calor cuando tiene frío. Descansa cuando está agotado. Busca la sombra cuando tiene calor. Modifica espontáneamente su comportamiento cuando cambia el entorno.

Una planta hace exactamente lo mismo. Responde a la luz, al agua, a la temperatura y al suelo. Busca el equilibrio necesario para crecer.

Y a nosotros, los humanos, nos parece complicado. Sin embargo, lo practicamos con frecuencia. Cuando estamos cansados y descansamos, esto es Ayurveda. También lo es cuando tenemos sed y bebemos, cuando buscamos abrigo si sentimos frío.

A veces tengo la impresión de que hemos complicado el Ayurveda para hacerlo parecer más importante. O, más bien, para hacer sentir importantes a quienes lo practican.

El Ayurveda es simple. Es la Ciencia de la Vida. Y si estás vivo, tienes la capacidad de entenderlo perfectamente sin demasiadas explicaciones.

Para cuidar la piel, lo mismo. No necesitas estudiar ni saber nombres en sánscrito.

Basta con observar.

Si tu piel está seca, necesita plantas cálidas y muy nutritivas.
Si está caliente, roja o con picores, necesita plantas calmantes y refrescantes.
Si está apagada, necesita estímulo.
Si está envejecida, necesita plantas que ayuden a regenerar, que le recuerden a la piel lo que sabe hacer.

Y sus necesidades cambian con las estaciones, con la edad, con el entorno y con nosotros.

El Ayurveda parte de algo extraordinariamente sencillo: observar lo que ocurre y actuar en consecuencia.

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